Relatos

Historias de la AAGo contadas por sus protagonistas



Algunos recuerdos

Dado que propuse escribir recuerdos no puedo menos que contribuir con algo.

Hugo Scolnik

16 de julio de 2018

Conocí el go cuando vivía en Bariloche y me enseñó las reglas mi amigo Sergio Orce que había hecho el curso con Fernández Long. Allí solamente jugaba con Guillermo Albizuri, y recién conocí a otros jugadores cuando me mudé a Buenos Aires. Nunca fui un buen jugador, pero el Go me encantaba así que dejé el ajedrez para sumergirme en este insondable laberinto.

La dictadura nos obligó al exilio, pero volví para quedarme en 1979. En un momento conocí a Franklin con quien me unía la pasión por la Matemática, y él me inculcó el axioma no discutible de la prohibición de hacer triángulos vacíos (refutado en una sucinta y memorable frase del sensei Fernando Aguilar quien dijo – dirigiéndose a la posteridad-  :hay que evitar los triángulos vacíos salvo cuando son necesarios).

Por mis trabajos (Jefe de Computación Técnica de los astilleros ASTARSA y luego gerente de FATE Electrónica) tuve que viajar muchas veces a Japón (y dos veces a Corea, y una a China), donde siempre fui muy bien recibido y guiado por mi amigo Eduardo López Herrero. También era la época de oro de Japan Airlines así que como presi de la AAGO hice algunos viajes en misión “oficial”

Hoy quería referirme a algunas anécdotas relacionadas con las finales sudamericanas de la Copa Fujitsu donde se decidía entre Argentina y Brasil. La primera vez si no me equivoco se jugó en 1989 en la Nihon-Ki-in de Brasil donde viajé con Fernando (yo iba de guardaespaldas). Ese hermoso edificio fue donado por el célebre Iwamoto Kaoru quien había emigrado desde Japón a Brasil en 1929 como trabajador agrícola. Por haber sido un  extraordinario jugador profesional ganó mucho dinero y en agradecimiento donó centros de Go, en San Pablo, Amsterdam, Seattle y Nueva York. Fernando enfrentó a un jugador coreano muy macanudo de quien nos hicimos amigos. La partida fue muy difícil y yo, con mi bajo nivel, pensé que estaba irremediablemente perdida. En la Nihon-Ki-in hay un gran salón en la planta baja con muchas mesas y muchos jugadores, y en un piso de arriba hay salas pequeñas para las partidas importantes como las de la Copa Fujitsu, donde accedían los jugadores obviamente, los referees venidos de Japón, y en ese caso un par de colados como la esposa de Fernando y yo. En un momento Fernando se cruzó de brazos y durante muchísimo tiempo no hizo ninguna jugada, mientras su mujer y yo nos desesperábamos pues ni siquiera habíamos llevado coramina o remedios parecidos para los ataques cardíacos. Y de repente empezó a jugar y ganó la partida en forma impresionante. De novela.

Volví otra vez a Brasil acompañando a Eduardo y esa vez el referee jefe era el sensei Iwamoto. La distribución era como en el caso anterior, salvo que en la planta baja estaba Miyamoto Naoki (9p) para comentar la partida. Mi tarea era subir al primer piso y cada 20 jugadas o cosa así Iwamoto me daba una planilla donde anotaban para que se la bajara al 9p para sus comentarios. Lamentablemente Eduardo perdió, pero la anécdota es que al final subí por última vez e Iwamoto me preguntó que decían “allá abajo” (su inglés era bastante aceptable). Le dije lo que decía el 9p, y me preguntó: nada más? No sensei, nada más. Se sonrío y dijo: podía haber hecho esto. Y comenzó un ataque endemoniado de cortes, snap backs, etc, que destruía el lado izquierdo y con lo cual Eduardo hubiese ganado. El diablo sabe por diablo…. Ni Miyamoto lo había visto !

En ese viaje volví a encontrar al amigo coreano quien tenía un negocio de venta de piedras semipreciosas, y que me contó de todos los problemas que se habían generado cuando ganó el torneo clasificatorio para enfrentar a Fernando dadas las tensiones entre japoneses y coreanos, pues había gente en la Nihon-Ki-in que se negaban a aceptar a que él representase a Brasil.

Y la última vez que fui por el mismo tema fue acompañando a Roberto Alaluf (las otras finales se jugaron en Buenos Aires). Recuerdo dos cosas. La primera es que había venido un 9p a la AAGO con quien viajamos a Brasil y la segunda es que nos esperaba el ex presidente de Toyota en la Argentina quien se había jubilado y nos recibió con un flamante auto Mitsubishi. Como tenía bastante confianza con él le hice el comentario irónico por el “cambio de marca” y me dijo: ahora que me jubilé puedo decirle que los Mitsubisho son mejores 

Pero el asunto fue que Roberto había estado anteriormente en Brasil y al salir no entregó el documento que le dan a los turistas donde se fija la estadía máxima que les corresponde. Resultado: al llegar lo metieron en la comisaría, y a mi me resultaba un poco difícil explicarle al sensei que nos acompañaba que el representante argentino estaba en cana. Para colmo Roberto se enfrentaba con los policías con argumentos del tipo: tanto lio por un papelito, a lo que le respondían que ese “papelzinho” era un documento federal que no tenía derecho a despreciar.

Como yo había vivido unos años en Brasil creo que conozco bien la psicología de los funcionarios, así que le dije a Roberto que cerrara la boca, que yo iba a negociar. Pedí hablar con el capo de la policía, le presenté mis disculpas diciendo que el muchacho estaba muy nervioso porque era un evento importante de la confraternidad argentino-brasileña, que además estaba el representante de Japón esperando afuera, y que él seguramente querría contribuir a que todo saliese bien sin darle intervención a los representantes diplomáticos de los países involucrados (a maior fumaca do mundo). Lo soltaron. El 9p me preguntó que había pasado (el pobre había esperado estoicamente afuera de la delegación policial durante casi una hora) y le dije que Roberto no se había dado cuenta que la cédula de identidad estaba vencida, pero que al final todo se había resuelto.

Y después de tanto bolonqui perdió la partida ¡!!!

En los próximos capítulos:

1. Mi experiencia en el WAGC adonde llegué por casualidad y la relación con HideoOtake

2. Mi experiencia con la Japan Airlines y con el inefable Carlos Castro rumbo a China.

3. Mi experiencia con la Universidad de Tokio, Hitachi y la Nihon-ki-in

4. etc

 

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