Fernando Aguilar en el 31.º Campeonato Mundial Amateur 2010 en Hangzhou, China

Hola a todos. Habiendo regresado del WAGC en China, voy a mandar algunos comentarios con impresiones y archivos de partidas.

Viaje a Hangzhou

Salimos con mi familia el sábado 22 de mayo desde Rosario con rumbo a Buenos Aires, donde yo debía tomar el avión a China y los demás pasarían el fin de semana largo del bicentenario con parientes en el Delta.

Esa madrugada estaba la autopista despejada de vehículos y de niebla, y llegamos a Ezeiza sin mayores inconvenientes.

Allí me enteré de una huelga de los empelados de cabina de British Airways, que por suerte afectaría el servicio a bordo pero no el viaje en sí.

El primer tramo del vuelo fue Buenos Aires – Londres con una parada en Sao Paulo.

Después de pasar unas horas en el aeropuerto de Heathrow, abordé el avión para continuar con el tramo Londres – Shangai.

Me tocó un lugar en la ventanilla, y asiento por medio sobre el pasillo, iba un joven que me resultaba cara conocida y con aspecto de jugador de go.

Si bien tuve que pedirle varias veces permiso de pasar para ir al baño, una suerte de timidez me frenó de preguntarle y sacarme la duda.

En el aeropuerto Pu-Dong de Shangai, luego de pasar migraciones y aduana, encontré rápidamente un muchacho que esperaba a los viajeros con un cartel con el logo del campeonato.

Me quedé un rato con él mientras esperábamos al resto de los participantes que venían en el mismo vuelo.

El primero en aparecer fue mi compañero de asiento, que ante mi pregunta obligada me dijo que venía de Hungría, y que había viajado por Londres porque el pasaje estaba más barato por esa vía. Se trataba de Pal Balogh, a quien conocí en el Mundial Amateur de 2008.

Luego llegó la representante de Italia (Francesca Mauri), y el jugador de Portugal (Pedro Carmona), que viajaba con un amigo.

El muchacho que nos esperaba y otros dos compañeros nos guiaron hasta un bar en el que tomamos algo, mientras esperábamos a la combi que nos debía llevar hasta la ciudad de Hangzhou.

Los voluntarios de la organización tenían un ejemplar de la cartilla del torneo que incluía datos de todos los jugadores. Francesca se sorprendió de encontrar allí su foto, ya que su participación se decidió una semana antes porque no pudo viajar el representante designado.

Con algo de atraso llegaron dos chicas muy simpáticas del grupo de voluntarios, dispuestas a acompañarnos en la combi, mientras los muchachos quedaban en el aeropuerto a esperar más pasajeros.

El chofer guió el vehículo hacia la autopista, y al rato se encontró con una bifurcación que le hizo dudar sobre el camino a seguir. El húngaro comentó desde atrás: “gran decisión, ¿hane por arriba o hane por abajo?”

El chofer tomó por la derecha, y al rato se encontró con una cabina de peaje en la que confirmó que había elegido el hane equivocado.

Así que tuvo que girar en U y volver a la bifurcación, para tomar esta vez la ruta correcta.

Luego de una parada breve, me ubiqué al lado de una ventanilla para dormir un poco, ya que estaba agotado luego de un día y medio de vuelo. A mi lado se sentó uno de los portugueses, que mantenía una conversación con las chicas voluntarias.

El sueño se vio interrumpido de golpe, debido a que nuestra combi embistió a un BMW que iba adelante, lanzándolo contra un guard-rail. Si bien el golpe fue fuerte, afortunadamente ninguno salió herido.

Estuvimos esperando más de una hora en la autopista, viendo cómo nuestro chofer discutía con las mujeres que iban en el BMW, la policía tomaba datos y el portugués pasaba el rato sacando fotos.

Finalmente, otra combi vino a buscarnos y nos llevó directo al hotel, esta vez sin mayores contratiempos.

Al entrar en la ciudad, la primera impresión fue la de gran cantidad de edificios en torre que se están construyendo todos al mismo tiempo. Como si hubieran arrasado una parte de la ciudad y la hicieran de nuevo.

En ese sector está ubicado el hotel Tianyuan (= tengen), una torre de estilo moderno con motivos de go, como por ejemplo el restaurante giratorio del último piso, que tiene la forma de un cuenco para guardar las piedras, o el problema de tsume-go que adorna una de las paredes del lobby, cuya solución involucra una secuencia bonita de ishi-no-shita.

En el frente había una gigantografía con el emblema del campeonato, en la que pidieron a todos los participantes que dejáramos nuestra firma.

Al registrarme, me pidieron que deje como garantía un monto de 3.000 yuanes (equivalentes a algo más de 400 dólares). Ante mi expresión de sorpresa por el pedido de disponer de un dinero, de lo cual no había sido avisado, me dijeron que “podrían ser 2.000 yuanes”.

Finalmente ofrecí dejar 200 euros, lo cual fue aceptado.

Ubiqué mis cosas en la habitación y luego bajé para buscar un lugar para comer, ya que se habían hecho las 3 de la tarde.

Me encontré en el lobby con un sujeto que tenía un termo bajo el brazo izquierdo, un mate en la mano derecha, y con un tono de redundancia en la voz me dijo: “soy el uruguayo”. Se trataba de Alfonso Artigue, que estaba recién llegado.

Carlos Ríos, el peruano, me invitó a ir a un Mac Donalds que quedaba en un shoping cercano. Claro que allí las distancias se multiplican por 2 o por 3, así que la caminata fue cansadora.

Al volver, subí a la habitación a descansar un rato, y me quedé dormido profundamente.

Primera jornada

El miércoles 26 de mayo comenzó el torneo.

Me desperté muy temprano por no poder habituarme al cambio de horario, y esperé unas horas para ir a desayunar.

El representante de India Sandeep Dave, mi rival de primera ronda, era un jugador de categoría 6-kyu.

Con negras, desarrollé un gran moyo basado en komokus y shimaris. Mi rival demoró la invasión, y cuando la hizo, mostró un juego dubitativo que lo llevó eventualmente a perder un grupo.

Cuando terminamos, vino una chica de la organización que me vio tomar nota de la partida, y me invitó cordialmente a pasarla a formato sgf en una computadora.

Luego de hacerlo, volví al salón de juego y le pregunté a mi rival si quería revisar la partida, pero me dijo que no.
Adjunto el archivo sgf con algunos comentarios.

En la segunda ronda me tocó jugar con Maros Kral, 3-dan de Eslovaquia.

Pese a que había una diferencia de categoría, sabía que no me podía confiar.

En el arranque del medio juego planteó una serie de furikawaris y quedó con una posición cómoda, con bastante territorio a cambio de atsumi que no quedaba claro cómo se lo podría aprovechar.

Más tarde nos comentó la partida la esposa de Michael Redmond, una profesional china, y dijo que mi rival había quedado mejor en el fuseki.

Estuve la mayor parte del medio juego con una posición inferior, hasta que mi rival se lanzó con una maniobra de reducción de mi territorio, que funcionaba tácticamente pero resultaba arriesgada en un contexto en que los grupos no estaban seguros, y él dejaba expuestas algunas debilidades.

Me largué a contraatacar y la pelea se complicó mucho, al punto que había oportunidades para ambos.

Finalmente logré comer un grupo y con ello volqué el juego a mi favor. Seguimos hasta el final y gané por 22,5 puntos.
Adjunto el archivo con comentarios que recogen en parte lo que dijo la esposa de Michael Redmond y otro profesional de alta categoría que se acercó a comentar.

Segunda jornada

La mañana del jueves 27 de mayo compartí el desayuno con Thomas Hsiang (representante de Estados Unidos y directivo de la IGF) y con Loli.

Después de conversar un rato, Thomas se retiró y Loli me comentó que antes que yo llegara a la mesa, él le contó que algunos jugadores se habían quejado de la organización.

No nos explicábamos de dónde podían provenir esas quejas, ya que el trato que estábamos recibiendo era excelente.

En la tercera ronda me tocó enfrentar a Pal Balogh de Hungría, el mismo con quien había compartido el vuelo de Londres a Shanghai.

Jugando con negras, arranqué con un nirensei.

En la jugada 4, mi rival se detuvo a pensar. Le llevó 12 minutos decidirse a jugar hoshi y completar su propio nirensei. Ese tiempo me sirvió para ir calmando mi mente y concentrarme en el tablero.

En el fuseki planteó un juego creativo, con un kosumi en el punto 5-5 y un boshi en sexta línea que apuntaba a atacar mis posiciones.

Empecé a deliberar cuidadosamente mis movimientos, y mi rival comenzó a levantarse y deambular por el salón.

El ataque que lanzó sobre mis posiciones derivó de manera natural en un furikawari, por el cual quedé con bastante territorio a cambio de mucha influencia.

La segunda parte del medio juego consistió en la puja entre sus intentos de convertir la influencia en moyo y luego en territorio, y los míos de reducir y/o invadir.

De a poco se fue consolidando mi ventaja, que quedó clara cuando logré invadir un bosquejo territorial grande que tenía en un rincón.

Un descuido mío le dio la oportunidad de complicar la pelea y provocar eventualmente una lucha de ko por la vida del grupo invasor. Hizo dos jugadas en otra parte que forzaban una respuesta para ganar tiempo para pensar, pero finalmente no entró en la variante.

Poco después quedó totalmente clara mi ventaja, y entonces abandonó.

Acto seguido, comenzó a comentar la partida.

Dijo que sus intentos de ataque no habían sido “nada especial”, y que sus problemas habían empezado con el boshi en sexta línea y mi respuesta invadiendo su moyo, que elogió mucho.

Usó dos o tres veces la palabra “masterpiece”, no sé bien en qué sentido, pero supongo que refiriéndose al modo como repelí sus ataques.

También criticó el modo como trató de expandir su moyo y sugirió una manera más simple de reducirlo para mí.

Luego vimos brevemente la invasión del rincón que definió la partida, y en principio llegamos a la conclusión de que no había un modo de matar el grupo invasor.

Durante el almuerzo corrió la noticia de que Loli le había ganado a Wan Kao Lou, 5-dan de Macao, China. Cuando ella entró al comedor, Eduardo inició una ronda de aplausos en la que nos prendimos todos.

En la cuarta ronda me tocó con uno de los cabeza de serie, Cheng-Hsun Chen de Taipei, un chico de 11 años de categoría 6-dan.

Luego de un arranque tranquilo, y ante una invasión que hice a su bosquejo territorial, respondió con una secuencia que involucraba un ko, por la cual cedió su borde a cambio de un rincón.

Siguió con un joseki en otro rincón, por el cual tomó territorio a cambio de influencia, y luego completó un bosquejo territorial en otro rincón.

El resultado fue que tomó los 4 rincones a cambio de un gran moyo en el centro.

Mi sensación era que yo había quedado en ventaja luego del fuseki, pero para capitalizarla, debía hacer rendir mi moyo.

Hice un juego demasiado cauteloso, que mi rival aprovechó muy bien para realizar una reducción efectiva y quedar con una posición cómoda.

Inicié entonces una pelea en el centro, pero la falta de precisión en mi juego me llevó a perder unas piedras, quedando definitivamente en desventaja. Finalmente perdí por 7 puntos y medio.

Me estaba levantando del asiento cuando el hombre que registró la partida me mostró en su notebook un tesuji que había señalado Wang Runan, un conocido profesional y directivo de la Asociación China de Weiqi y de la IGF.

Si hubiera encontrado ese tesuji, probablemente podía equilibrar el juego y llegar al yose con posibilidades, pero de todos modos creo que el mayor problema fue cómo encaré el comienzo del medio juego.

Por la noche, nos llevaron a todos a dar un paseo por Hangzhou.

En nuestro micro teníamos una chica que daba algunos datos de la ciudad en inglés y un muchacho, que se hacía llamar Andrés, que daba la misma información en castellano.

En el último asiento se ubicó Pal Balogh con su inseparable amigo, Ondrej Silt de República Checa, para dedicarse a jugar a las cartas.

El grupo de hispanohablantes constituía una especie de patota, a la que se sumaban otros latinos como los portugueses, Francesca de Italia y Joseph Michael Galero de Filipinas.

Por el camino pudimos escuchar a Juan Carlos Pachón de Colombia, que nos leyó un fragmento del poema que estaba escribiendo en base a sus impresiones del viaje. Así pudimos enterarnos de que anduvo por las calles de Shanghai, donde se encontró con chicas que sonreían pero no hablaban inglés, otras que sí hablaban pero no sonreían, y también con un fantasma que no tenía pies.

El paseo comenzó con una cena opípara en un restaurante típico. Luego nos llevaron al Lago del Oeste, famoso por su belleza, donde nos dieron un tiempo para caminar por un paseo del tipo de los bosques de Palermo, que hay en sus orillas. Había una leve llovizna, lo cual era una buena noticia para nosotros según nos explicó la guía, porque nos permitía ver el aspecto romántico del lago.

Volvimos luego al micro, todos menos Pachón, que no aparecía por ninguna parte.

Estuvimos un rato largo especulando sobre lo que le había pasado. Tal vez se había encontrado con el fantasma del lago, tal vez se había quitado toda la ropa y bañado en sus aguas.

Finalmente decidieron quedarse a esperarlo Francesca y Emil, mientras los demás seguíamos nuestro recorrido.

Llegamos a una especie de balcón que hay sobre el río, desde el cual se puede ver también un edificio con forma de esfera que se usa como centro de convenciones, y que junto a otro más alargado simbolizan el sol y la luna. Después de estar un rato ahí para sacar fotos, volvimos al hotel.

Al día siguiente me tocaría enfrentar al jugador de Japón.

Tercera jornada

El viernes durante el desayuno comentamos el paseo que habíamos tenido la noche anterior. Juan Carlos Pachón explicó que se había quedado sacando fotos y luego se desorientó en el camino de regreso al micro, pero se encontró con Emil y Francesca y volvieron juntos al hotel en taxi.

Eduardo contó que a los directivos los habían llevado a una cena de lujo, en un restaurante flotante en el lago, donde degustaron platos tales como aleta de tiburón con adornos de filetes de oro, y exquisiteces por el estilo. Esto llevó a Pachón a comentar sobre lo desigual que es este mundo, ya que a nosotros sólo nos habían dado un banquete en un restaurante típico de la ciudad.

Antonio Egea de España me preguntó si el chico taiwanés con quien jugué en la ronda anterior era el primer rival tan joven y tan fuerte que me tocó enfrentar alguna vez. La verdad, hasta ese momento no había reparado en el tema, pero sí es cierto, fue la primera vez que jugué por torneo con un rival así.

De esa partida me había quedado el regusto amargo de no haber sabido aprovechar la ventaja que obtuve en el fuseki. Más adelante, leyendo el comentario de Michael Redmond, pude ver que la ventaja no era tanta. Por otra parte, no se puede negar el enorme talento que tiene este chico, en particular para la etapa de medio juego.

En la quinta ronda me tocó jugar con Yohei Sato de Japón. Fue la primera vez que enfrenté a Japón en un WAGC.

Jugando con blancas, me vi involucrado en un fuseki cruzado. Cuando respondió a un kakari con un wariuchi en lugar de una pinza, opté por jugar una variante del taisha para tratar de aprovechar de algún modo la ubicación excéntrica de su piedra.

Enseguida se desarrolló una pelea, y me dejé llevar pronto por la impaciencia. Lancé un ataque a fondo y jugué un overplay, que me dejó en una posición sumamente expuesta.

A partir de ahí todo empezó a funcionar para Negro, y no fue raro que mi posición se deteriorara a tal punto que me viera obligado a abandonar.

Por la tarde se jugó la sexta ronda, en la que enfrenté con negras a Gerardus Petrus Groenen, un hombre sumamente amable de Holanda.

Ante mi apertura en komoku, respondió con kakari, dando lugar al fuseki de Shusaku.

Justamente unos días antes le había comentado a Eduardo que una de mis fantasías era jugar el kosumi de Shusaku en una partida importante, con negras y komi de 6,5 puntos. Me llegó entonces la oportunidad de hacerlo, y no la iba a desaprovechar.

Mi rival hizo un juego sólido pero un tanto sobreconcentrado en la apertura, y quedé con una posición cómoda.

En el medio juego tuve alguna que otra inconsistencia a la hora de definir la dirección de juego y se me complicó la pelea en el centro. Mi rival no me atacó a fondo y me dejó escapar con mis grupos. A cambio de eso ganó unos cuantos puntos de territorio, pero como yo había acumulado mucho en el fuseki, quedé bien en el balance de territorios.

Al comienzo del yose hice una jugada con sente, creyendo que protegía una entrada en mi territorio, pero fue un error. Eso le permitió a mi rival emparejar el juego e incluso quedar con una ventaja pequeña.

En la última parte del yose, un par de imprecisiones de mi rival lo llevaron a perder esa ventaja y a darme la victoria por medio punto.

Luego de pasar la partida a formato sgf en una de las computadoras de la organización, aproveché para revisar un rato el correo.

Entre los comentarios que circulaban por Cursogo, pude ver una nota que me habían hecho el primer día para un medio gráfico, con la traducción automática.

Pude enterarme entonces de que al pasar “asociación nacional (de go)” al chino básico, queda algo así como “off-off de caliente sanitaria”.

Más tarde me di una vuelta por el salón que estaba habilitado para jugar al go, estudiar partidas y actividades afines.

Había unos chiquitos con ganas de jugar con los visitantes, y pronto me vi involucrado en una partida con un niño que no era tan fuerte, al que le tuve que dar handicap de negras sin komi.

Mi rival pudo mantener una pequeña ventaja a lo largo de casi todo el medio juego, pero en uno de los tantos furikawaris que se produjeron, pagó un costo muy alto para entrar en mi territorio, y quedé con una ventaja decisiva.

Al llegar al final no supe bien qué hacer, ya que no tengo la costumbre de contar en chino. Le pedí ayuda entonces a una joven profesional con la que había jugado una partida amistosa el primer día.

Ella se acercó al tablero y lo primero que hizo fue devolver las piedras capturadas a los cuencos respectivos. Después acomodó los territorios blancos para contarlos, y después los desacomodó totalmente, al punto que resultaba imposible reconstruir la posición final. Contó entonces las piedras blancas, y con la ayuda de un espectador que hablaba inglés, me hizo saber que el territorio de Blanco tenía 190 puntos. Tontamente pregunté: ¿y el de Negro?

Entre una cosa y otra se me pasó la hora de la cena. Fui lo más rápido que pude al restaurante, pero habían pasado 10 minutos del límite y ya estaba cerrada la entrada. Por suerte, Loli me había regalado un chocolate venezolano riquísimo, y con el exceso de comida que había ingerido en esos días, me alcanzó para pasar la noche sin mayor inconveniente.

Cuarta jornada

El sábado 29 de mayo se jugaron las dos últimas rondas del torneo.

En la séptima ronda me tocó con Wan Kao Lou de Macao, el mismo que había perdido con Loli Puerta.

Jugando con negras, arranqué con un nirensei.

El planteo que hizo mi rival en el fuseki me dejó con una posición relativamente cómoda, con atsumi y buenas perspectivas territoriales.

En el arranque del medio juego se me complicaron un poco las cosas por no atacar más severamente un grupo débil que él tenía, como preparación para la invasión de su moyo.

Quedé yo con un grupo cortado, pero de alguna manera me las arreglé para invadir de todos modos, sacrificando eventualmente ese grupo.

Obtuve una ventaja significativa, pero entonces una serie de imprecisiones mías le dieron a mi rival la oportunidad de golpear en los puntos débiles de mis posiciones.

Así fue como invadió un rincón mío y quedó en situación de hacer un seki o provocar un ko. También pudo combinar la amenaza de corte de un grupo con la reducción de un moyo mío y el ataque a otro grupo, que no tenía los ojos asegurados.

Estando en byo-yomi, jugué con la mayor tenacidad posible, mientras mi rival se lanzaba a un ataque a fondo para matar mi grupo. Logré vivir con lo justo, y eso me dejó automáticamente con una ventaja decisiva de territorio.

Cuando mi rival abandonó, lancé un gran suspiro de alivio. La fuerza que había demostrado mi rival me hizo apreciar aún más la victoria de Loli.

En aquella partida, según ella contaba, su rival tuvo un descuido fatal que le hizo perder unas piedras, por lo cual quedó un grupo suyo muy grande muerto. Con descuido o sin él, ganarle a un rival de esta talla no es moco de pavo.

En la última ronda me tocó con Yuxiang Lou de Singapur.

Jugando él con negras, armó un moyo sobre un borde, que luego no atinó a expandir, ya que decidió prevenir el desarrollo de un posible moyo mío.

Hice entonces una maniobra de reducción que resultó dudosa, ya que me dejaba en situación de quedar en gote o dejar expuesto el grupo reductor.

Opté por esto último, ya que necesitaba invadir un rincón de él para equilibrar el balance de territorios.

Cuando se lanzó a atacar mi grupo del centro, opté por sacrificarlo, dejando a mi rival con un territorio de 50 puntos a cambio de atsumi en el centro.

La maniobra me salió relativamente bien, porque luego pude usar el atsumi para obtener ganancias territoriales que equilibraron el juego.

La partida tenía perspectivas de entrar en el yose con territorios parejos, pero luego de una jugada pretendidamente sente de él sobre un borde, “el diablo metió la cola” y jugué tenuki, con la intención de tomar la iniciativa en el centro.

Mi decisión fue muy arriesgada, e hizo volver la partida al medio juego. En la pelea que siguió, mi rival no se amedrentó por la presencia de mi atsumi central y jugó con mucha precisión, dando lugar a un gran furikawari que lo dejó a él en posición ganadora.

Seguí hasta el final y terminé perdiendo por 16,5 puntos.

Luego de comentar la partida con él, fui a la sala contigua para pasarla a formato sgf.

Allí escuché a Pal Balogh que miraba algo en la pantalla de una computadora y maldecía, mientras su amigo Ondrej Silt se burlaba de él.

Cuando le pregunté qué pasaba, me dijo que su vuelo de British Airways se había cancelado por el paro que sufría la empresa.

Entré en pánico, porque supuse que su vuelo sería el mismo que el mío. Le comenté a Eduardo, y él me dio una mano para averiguar la situación.

Busqué los datos del vuelo, y entrando en la página web de la empresa, vimos que para el día que yo viajaba se confirmaban los dos tramos, con las (supuestas) restricciones en el servicio que tuve en el viaje de ida. Me volvió el alma al cuerpo, porque realmente necesitaba regresar enseguida, ya que mi familia me estaba esperando.

Esa noche se hizo la ceremonia de clausura y entrega de premios.

Para eso los organizadores acomodaron el mismo salón que se había usado en el torneo, para disponer mesas y servir un banquete.

Entre los discursos estuvo el un miembro del comité organizador del WAGC del año que viene, que invitó a todos y luego repartió unos folletos de la prefectura de Shimane, donde se organizará el evento.

No faltó oportunidad para sacarnos fotos de todo tipo, en particular, del grupo de latinos y otros amigos que se fueron acercando naturalmente con el correr de los días y tuvieron buen “feeling” con nosotros.

No se puede negar que fuimos tratados estupendamente.

Saludos:
Fernando.

 

 

Foto de American Go Journal - https://www.usgo.org/news/2010/05/live-from-the-world-amateurs-2/

Más información del torneo: https://go.org.ar/torneos-y-actividades/torneo?cod=207 

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